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“Nunca había hecho deporte en mi vida”

Perfil: sin experiencia previa en ejercicio · caderas y equilibrio

Empecemos por donde empieza ella, porque es la frase más importante de todo este texto:

“Nunca había hecho ningún tipo de deporte.”

Nunca. Ni de joven, ni de mayor. Cero.

Y si estás leyendo esto y te sientes identificada, quédate un momento más. Porque lo siguiente que dice Marisol es exactamente lo que estás pensando ahora mismo:

“Cuando empecé Pilates me parecía todo súper complicado.”

Pues claro que se lo parecía. Es que lo es, al principio.

Nadie llega a una sala de Pilates sabiendo qué es una retroversión de pelvis ni cómo respirar mientras mueves las piernas. Nadie. Ni los que llevan años en el gimnasio. Y menos aún si nunca has entrenado.

Y aquí es donde mucha gente se rinde. No por el dolor, no por el esfuerzo. Por la vergüenza de no saber hacerlo. Por esa sensación de “yo aquí pinto poco, esto es para gente que ya sabe”.

Léelo con calma, porque suena a poco y es muchísimo. Agacharse. Coger algo del suelo. Atarse los zapatos. Sacar la compra del carro. Cosas que haces cincuenta veces al día sin pensar y que, cuando duelen, te ocupan la cabeza entera.

Lo que pasó a partir de ahí

Marisol lo cuenta con una honestidad tremenda:

“Día a día me fui superando gracias a la ayuda de nuestra profesora, que nos corrige posturas y nos enseña cada día niveles nuevos.”

Esa profesora es Sandra, la fisioterapeuta que lleva las clases de Pilates en Tembo.

Y hay dos cosas escondidas en la frase de Marisol.

La primera: “día a día”. No fue de un día para otro. No hubo un momento mágico. Fue ir viniendo, semana tras semana, y que cada semana la cosa fuera un poquito menos rara. Así es como funciona esto de verdad, y quien te cuente otra cosa te está vendiendo humo.

La segunda: “nos enseña cada día niveles nuevos”. Esto es clave. Marisol no lleva meses repitiendo los mismos cuatro ejercicios del primer día. Ha ido subiendo. Porque si el ejercicio no sube contigo, dejas de mejorar y te aburres. Y si te aburres, dejas de venir.

Sandra puede hacer eso porque son tres personas en la sala. Le da tiempo a mirar a cada una y a decidir que hoy Marisol está lista para el siguiente escalón.

Paciente realizando ejercicio terapéutico supervisado en clínica de fisioterapia

Qué ha notado

“He notado en estos meses mucha mejoría a nivel de mis caderas y equilibrio, tengo más elasticidad y salgo de la clase como nueva.”

Vamos por partes, porque cada palabra de esas vale mucho.

Las caderas. Es de las zonas que más se agarrota con los años, sobre todo si has pasado la vida sin entrenar. Y unas caderas rígidas te condicionan todo: cómo andas, cómo te levantas de la silla, cómo subes una escalera.

El equilibrio. Y este es el grande.

Del equilibrio nadie habla hasta que falla. Pero es lo que hace que te gires en la cocina sin pensarlo, que bajes un bordillo tranquila, que te subas a un taburete a coger algo del armario de arriba sin que se te pare el corazón.

El equilibrio se entrena. No es algo que tengas o no tengas según la edad que pongas en el DNI. Y entrenarlo a los 60 es una de las mejores inversiones que puedes hacer, porque es de lo que depende que sigas haciendo tu vida por tu cuenta durante muchos años más.

La elasticidad. Poder llegar. A los pies, al estante de arriba, a atarte los cordones sin maniobras raras.

Y salir de clase como nueva. No reventada. No dolorida. Como nueva.

Lo que queremos que te lleves del caso de Marisol

Si nunca has hecho deporte, no eres un caso perdido. Eres exactamente la persona a la que más le va a cambiar la vida esto.

Porque cuando alguien lleva años entrenando, cada mejora le cuesta muchísimo. Pero cuando alguien empieza de cero, las mejoras llegan rápido y se notan en el día a día, que es donde importan.

Y no, no vas a hacer el ridículo. En un grupo de tres personas nadie te está mirando. Solo Sandra, y su trabajo es justo ese: que hagas bien lo que puedas hacer hoy.

Marisol terminó su mensaje así:

“Muchas gracias a mi profesora de Pilates.”

Sandra dice que se lo agradezcamos a ella, que la que viene cada semana es Marisol. Las dos tienen razón.

¿Nunca has entrenado y crees que ya es tarde?

No lo es. Y no hace falta que sepas nada antes de venir: para eso estamos.

Primero te valoramos, vemos de dónde partes y qué necesitas. Y a partir de ahí, en un grupo de tres personas, empiezas por donde te toque empezar.

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