““Venía de gimnasios donde el anonimato es la norma””
Perfil:poco tiempo propio · buscaba atención personalizada · ya no acude a clase
Hay una frase en el mensaje de Lola que deberían enmarcar en todos los gimnasios de España:
“Después de haber estado algunos meses en gimnasios donde el anonimato es la norma…”
El anonimato es la norma.
Cinco palabras que describen perfectamente lo que le pasa a muchísima gente. Pagas tu cuota, entras, nadie te saluda, haces lo que buenamente crees que hay que hacer, te vas. Al mes siguiente vuelven a cobrarte. Y nadie, en ningún momento, se ha enterado de si estás mejor o peor que cuando llegaste.
No es culpa de nadie en concreto. Es el modelo. Con doscientas personas en la sala, no da para más.
Y en su caso había un motivo más para que ese modelo no le sirviera: acababa de ser madre.
Cualquiera que haya pasado por ahí sabe lo que significa. El tiempo deja de ser tuyo. Cuidas de alguien veinticuatro horas al día y lo último de la lista, siempre, eres tú. Así que si consigues arañar cincuenta minutos a la semana para ti, esos cincuenta minutos tienen que valer la pena. No puedes permitirte gastarlos vagando por una sala de máquinas sin saber si lo que haces te sirve.
Lo que buscaba
Ella lo explica mejor de lo que podríamos explicarlo nosotros:
“Buscaba un sitio donde de verdad pudiera cuidar mi cuerpo. Con atención personalizada y con seguimiento. Con atención a mi postura y a la necesidad que yo pudiera sentir en un momento dado.”
Fíjate en las tres cosas que pide, porque son tres cosas distintas.
Atención personalizada. Que alguien mire lo que hace ella, no lo que hace el grupo.
Seguimiento. Que ese alguien se acuerde de la semana pasada. Que sepa por dónde iba y qué toca hoy.
Y la tercera, que es la más difícil de todas: “la necesidad que yo pudiera sentir en un momento dado.”
Eso significa poder llegar un día y decir “hoy no”. Hoy he dormido tres horas, hoy vengo con la espalda cargada, hoy no puedo con esto. Y que el plan se adapte a ti, en el momento, sin que tengas que dar explicaciones ni sentirte mal por ello.
Eso en una sala de veinte personas no existe. Físicamente no puede existir.
Lo que encontró
“Encontré exactamente eso. Un sitio donde trabajo el cuerpo y lo desarrollo sintiéndome atendida y acompañada en todo momento.”
Atendida y acompañada.
No “entrenada”. No “supervisada”. Acompañada.
Y ahí está, en una sola palabra, la diferencia entre lo que hacemos nosotros y lo que hace un gimnasio. Porque el ejercicio es más o menos el mismo en todas partes. Lo que cambia es si hay alguien contigo mientras lo haces.
Y ahora la parte que no vas a leer en otras webs
Lola estuvo poco tiempo con nosotros. Ella lo cuenta así:
“Como sabéis, no estuve mucho tiempo por razones ajenas a mi deseo.”
No se fue porque no le funcionara. Se fue porque la vida se puso por medio, que es algo que nos pasa a todos.
Y aun así, cuando le escribimos para preguntarle cómo había sido su experiencia, se sentó a contestar. Contestó largo. Y contestó bien.
Eso, para nosotros, vale más que veinte testimonios de gente que sigue viniendo. Porque alguien que ya no es cliente no tiene ningún motivo para hablar bien de ti. Salvo que sea verdad.
Lola, aquí tienes tu sitio para cuando puedas volver.
Somos máximo tres personas por clase. Cincuenta minutos. Con un fisioterapeuta que sabe cómo viniste la semana pasada y cómo vienes hoy.
Si vas a sacar tiempo para ti, que al menos sirva de algo.
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