“Al principio venía a sufrir. Ahora vengo a disfrutar.”
Perfil: dolor de cuello · sin experiencia previa en ejercicio · de 1 a 2 clases por semana
Gloria no nos buscó. Nos encontró de camino a la farmacia.
Iba a comprar analgésicos para el dolor de cuello. Otra vez. Y por el camino vio el cartel de la clínica.
“Iba caminando a la farmacia a comprar precisamente analgésicos para el dolor de cuello, y vi el cartel y dije: pues voy a preguntar.”
Pequeño detalle que dice mucho: iba a por pastillas. No a por una solución. A por pastillas, que es lo que hace casi todo el mundo cuando algo lleva doliendo el tiempo suficiente como para haberse rendido.
Entró. Preguntó. Y el fisio que la atendió le dijo que se pasara un día, sin más, a que le echaran un vistazo.
La pregunta que lo cambió todo
Empezaron a tratarle el cuello y Gloria notó mejoría. Hasta ahí, todo normal. Pero entonces hizo la pregunta correcta, que es una pregunta que muy poca gente hace:
“Y para mejorar a largo plazo, ¿qué puedo hacer?”
Párate aquí un momento, porque en esa frase está resumido todo lo que pensamos en esta clínica.
Porque una sesión de fisioterapia te alivia. Y está muy bien. Pero si vuelves a tu vida exactamente igual que estabas, con la misma musculatura y los mismos hábitos, el dolor vuelve. Siempre vuelve.
Aliviar no es lo mismo que solucionar. Y Gloria lo intuyó ella sola.
La respuesta fue proponerle probar una clase de Pilates. Vino, la hizo, y salió de allí con una cara que lo decía todo:
“La verdad es que me encantó, salí supercontenta.”
Y ahora la parte que nadie cuenta: al principio le costó
Aquí es donde este testimonio se vuelve valioso de verdad, porque Gloria no maquilla nada.
“Yo vine superdesanimada, venía un poco perdida, no tenía mucha esperanza. Y al principio me costó, porque la verdad es que al principio me costó.”
Lo dice dos veces. Al principio me costó.
Y da el dato exacto de dónde estaba:
“Tenía la musculatura fatal, yo no tenía equilibrio, no aguantaba más de tres segundos en una posición de equilibrio.”
Tres segundos.
Nunca había sido una persona deportista. No venía de un parón: venía de toda una vida sin entrenar. Y a eso le sumas llegar desanimada y sin esperanza, que es como llega mucha gente después de meses arrastrando un dolor.
De tres segundos a nueve
“He ido notando que los tres se han convertido en seis, y en nueve. Confianza. Y la verdad es que fenomenal.”
Nos quedamos sobre todo con lo último: que se tiene en cuenta el nivel de cada una.
Nos encanta este dato porque es de las pocas cosas de una clase de Pilates que se pueden contar con un cronómetro. No es una sensación. No es “me encuentro mejor”. Son segundos, y se triplicaron.
Y fíjate en la palabra que ella misma mete en medio de los números: confianza.
Porque eso es lo que pasa de verdad. Aguantar nueve segundos en equilibrio no te cambia la vida por sí solo. Lo que te la cambia es lo que ese nueve significa: que tu cuerpo responde. Que aún estás a tiempo. Que esto va a algún sitio.
Y la mejor señal de todas
Gloria empezó viniendo un día a la semana.
“Al poquito tiempo ya me di cuenta de que me faltaba. Entonces, hasta ahora, ya son dos días a la semana. Que me gustaría subirlo a tres.”
Empezó con uno. Pasó a dos. Quiere tres.
No hay mejor indicador que ese. La gente no pide más de algo que no le está funcionando.
Por qué no es la típica clase de Pilates
Le preguntamos si lo recomendaría y contestó “totalmente” dos veces seguidas. Pero lo interesante es el matiz que añadió:
“Sobre todo si quieres unas clases de Pilates que no son las típicas clases donde vas a un gimnasio y hay clases grupales de quince o dieciséis personas, o incluso más. Aquí somos clases de tres. Sandra nos corrige posiciones, nos enseña a respirar, nos enseña a mantener el equilibrio, nos enseña a aguantar. Porque al fin y al cabo vienes de nuevas y estás un poco perdida.”
“Vienes de nuevas y estás un poco perdida.”
Esa es exactamente la sensación que hace que la gente se apunte a un gimnasio en enero y no vuelva en marzo. No es la pereza. Es no saber qué estás haciendo ni si lo estás haciendo bien.
Con quince personas en la sala, nadie te saca de ahí. Con tres, Sandra te corrige antes de que cojas el vicio.
Cómo lo resume ella
Y de todo lo que nos dijo Gloria, nos quedamos con esta frase, que deberíamos poner en la puerta:
“Al principio yo venía a sufrir. Y ahora vengo a disfrutar..”
“Vienes de nuevas y estás un poco perdida.”
De ir a la farmacia a por analgésicos, a querer venir tres días por semana.
¿Llevas tiempo tapando un dolor con pastillas?
Nosotros primero valoramos qué te pasa y te tratamos. Y si quieres ver cómo funciona el Pilates
antes de decidirte, puedes empezar con una clase individual, tú sola con la fisioterapeuta, y
probarlo sin compromiso.
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